domingo 2 de agosto de 2009

7.18 a.m.

Dos voces al unísono cantan de madrugada dirigiendo sus pasos hacia las solitarias calles de la única parte de Extremadura que no comprende ni Cáceres ni Badajoz, si no que Madrid le arrebató vilmente esa interminable cuesta cuya cúspide o Alto alcanzo prácticamente cada día.
Y poco a poco se ven más nítidas sus caras. Y poco a poco más gente percibe sus voces. Y poco a poco captan más miradas. Miradas perdidas o bien curiosas, estupefactas o indiferentes. Y siguen caminando, cantando felizmente ajenas a que a su alrededor la ciudad despierta lentamente...



.

miércoles 17 de junio de 2009

Ausencia del despertador

Despierto, entre gemidos y sudores, abrazada a mi almohada y hundiendo los dedos en ella. Mi mente tarda más en volver a la realidad que mis sentidos, mis recuerdos se confunden con aquellos que inventé sin ningún tipo de intención. Los jadeos son acallados con el sabor salado de una lágrima solitaria en inconsciente creada por el miedo. A medida que vuelvo a esta realidad divago cúan diferentes son las pesadillas de un inocente niño a las de alguien que dejó de temer a los fantasmas y la oscuridad. Yo, que todavía temo a la oscuridad, por parecerme amenazadora y solitaria, la oscuridad del alma y de mi habitación por las noches, pues desde ella no se ve ni una sóla estrella que me acompañe.
Pero ahora las pesadillas son del corazón más que de la cabeza, miedo a historias que contaste, miedo a historias que creé. Calmo el jaleo que remueve mi mente diciéndome que ya pasó...pero no puedo evitar tropezarme a causa de la velocidad de mis zancadas hacia el teléfono, traqueteando los dedos contra la mesa mientras suenan ese monótono sonido de espera, unos instantes que se me hacen eternos..

-"¡Buenos diaaaaas!"


Respiro...

Sábado noche

Las intensas luces no dejan espacio a los medios tonos, las duras sombras impregnan nuestros rostros discapacitándolos de bondad, de sentimiento acogedor.
Son turbias las sensaciones, las sonrisas descoyuntadas inundan mi campo visual. Tal vez uno o dos sonidos llaman mi atención. Son tan imprecisos que no me dejan tiempo a reflexionar si son agradables o desagradables. Mañana esto será un mero recuerdo y paso comenzará a distonrionarse.
Ahora, prodría llamarse un presente feliz o.. agradable.

sábado 2 de mayo de 2009

uno de (mis) mil horizontes

Una casa de madera con un porche orientado al norte, donde se divisa uno de los paisajes más tranquilos jamás apreciados. La madera que sustenta aquella humilde morada, aunque perfectamente cuidada, va carcomíendose con el paso de los años. La pintura se descorcha ( he de darle otra mano ) en las paredes y los pasamanos. Una camioneta avanza a lo lejos, en el otro lado del paisaje, dando tumbos en los que casi se le sale una yanta a causa del mal estado del camino. 
Respiro, y el frío del atardecer me obliga a ponerme la chaqueta. Me siento en una de las dos sillas del porche heredadas de vete a saber que lejano antepasado quien las construyó con sus propias manos y sin herramientas, cortando los árboles con un seco golpe de hombro (ja!). Alzo los pies y los apoyo en la barandilla, mientras tanteo a ciegas el suelo con la punta de mis dedos en busca de mi banjo. Me acomodo y cierro los ojos mientras dejo a mis manos deslizarse solas por esas cuerdas causantes de un sonido tan peculiar.
Dejo que el aire renovado y fresco se me cuele por la boca y me llene los pulmones mientras trato de recordar las notas adecuadas de aquella canción. Entonces el sonido inunda mi cuerpo y me dejo llevar...

Well my friend, well I see your face so clearly 
Little bit tired, little bit worn through the years 
You sound nervous, you seem lonely
I hardly recognize your voice on the telephone

n between I remember
Just before we wound up broken down
Drive out to the edge of the highway
Follow that lonesome dead-end roadside sound

We’re all in this thing together
Walkin’ the line between faith and fear
This life don’t last forever
When you cry I taste the salt in your tears




viernes 1 de mayo de 2009

Independence day

Everybody knows you only live a day but is brilliant anyway...






...is gonna happen soon, but no today.

lunes 20 de abril de 2009

El sueño de la razón produce monstruos.

No sé controlar mis pasos. Les dejé a libre albedrío por un tiempo y se lo tomaron al pie de la letra. Ahora siento pero no expreso. ¿por qué? 
Lo cierto es que no sé ni responderme a esa pregunta. Pero ¿qué importa expresar lo que sentimos? A nadie le importa, a nadie, menos a uno mismo y a la persona que le concierne. Puedo gritar a los cuatro vientos todas las expresiones y sinónimos que me pasan por la cabeza para describirlo, para describirte. Pero, mira, sinceramente, estoy afónica, y , además, la gente tiene su propio mundo, su propia vida. Yo no nací para ser estrella de telefilm barato. Yo nací para ser lo que estoy siendo ahora mismo. Un cúmulo de sensaciones indescriptibles que hasta transmiten vértigo. 
He sido capaz de rozar la perfección momentánea, la saboreé y la escuché, la sentí y la toqué; se coló por todos los recovecos de mi cuerpo y se me quedó pegada a la piel como la ropa mojada aquel día de lluvia. Y si alguien me pregunta como fue, sólo sabré sonreir y perderme en mis recuerdos. Por que   aunque incluso si me inventase un nuevo idioma, tampoco serviría para describirlo. Ese momento es sólo mío. Sólo nuestro. Y así será siempre.

Soy consciente de la magnitud del problema, de nuestros planteamientos, de nuestra huída de la razón. Pero mi mente se cansó de retorcidos y complicados pensamientos que juegan al pin- pong con mis neuronas, de absurdos  y precavidos "quizás", y, desde luego , de la expresión "ten cuidado". Lo sé, lo sé. Sé que los monstruos de la razón acechan nuestros pasos, los cuidan, los vigilan. Pero no son más que eso, monstruos, y, a mi me decía mi mamá "Elsa, los monstruos no existen más que en uno mismo".  Hasta ahora no me había planteado la diversificación de dicha frase, pues yo pensaba que tan sólo eran un montón de palabras ideadas para apaciguar nuestro sueño tras las galletas y la leche de por las noches, que la intención de nuestros padres era que no pensasemos que nos abordaría un mutante verde y lleno de pústulas y babas mientras dormíamos con un ojo abierto vigilando el armario. 
Pero ha vuelto, la voz de mi madre, apaciguadora como las pocas veces que venía a acostarme, ha retumbado en mi, ha salido de lo más profundo de mis recuerdos para guiarme de nuevo. Para decirme que no tenga miedo de la vida, que no tenga miedo de los acontecimientos, que igual que entonces, los monstruos no existen más que en uno mismo.  Por ello no voy a temerlos, voy a seguir dejando que mis pies caminen por mi, pues ellos sabrán hacia donde me llevan. Yo, mientras, disfrutaré del paisaje.

viernes 3 de abril de 2009

no puedo casi escribir

Cuesta escribir con menos cualidades físicas que ayer, pero el dolor se vuelve placer y ganas bárbaras de conseguirlo por una mayor satisfacción personal. Pues no pienso dejarme condicionar por nada (ni nadie), haré lo que sienta cuando lo sienta. Y ahora quiero escribir.

Quiero, debo escribir. Quiero, debo sacarlo. Quiero, debo comprenderme. Por favor. He de comprender este fuego interno que se apaga y renace sin ningún aliciente ni soplete aparente. En cuanto me quemo por dentro y pienso que me he vuelto inmune de tantas llamas, esperando más y más, se amaina, un soplido de origen desconocido le dice "vuelve a empezar". Y, él, obediente y cabezota, lo hace. En esos momentos que mi interior debate y ordena consigo y para si mismo, decido que no hay nada que hacer más que escuchar, y oigo. Oigo el canto de los pájaros que madrugan, oigo música de la que provoca euforia y futuras agujetas, oigo el ruido de risas exageradas, tanto que te desgarran el tímpano, oigo los consejos ajenos y desesperados por guiarme, por ayudarme; oigo, oigo los latidos de mi corazón y los gritos de mis músculos implorando y llorando por un mínimo descanso. Todo se vuelve excesivamente perceptible. Y entonces decido dejarme llevar por lo que suceda a mi alrededor. Pues sé que puedo cambiar todo, sé que un ínfimo movimiento para uno u otro lado, escuchar un tono más alto a mi ángel o a mi demonio, puede cambiar todo. Pero no soy capaz. Esta vez no voy a hacerlo. Asi que en vez de llevar el control de la situación, dejo que la situación tome el control sobre mi. Dejo que mi mente descanse, o eso intento. Y mientras me concentro en mí y en nada más, oigo un tipo de mensaje que no llega a través de mi oidos. Abro los ojos y ahí esta. La señal que esperaba. Es pequeña, pero, de momento, no puede ser más clara.

Si hubiese tenido tiempo y ganas de sonreir al verla llegar, lo habría hecho. Pero no es del todo buena. Sea como sea. Ahí está. Ahora, voy.