jueves, 29 de enero de 2009

Bailando

Es optimista pensar que una simple canción activa tu mente y te cambia "el chip".

Cuando oigo el irritante chirrido de la puerta de casa, seguido del fuerte sonido causado por el impacto de la puerta principal contra el marco, sé que soy libre.
Es entonces cuando corro hacia mis altavoces, subo el volumen hasta desgarrarme los tímpanos y escojo las canciones que me van a hacer saltar hasta golpear mi cabeza con el techo o bien cerrar los ojos y dejar a mi cuerpo deslizarse al compás de la música.

Si es un día enérgico, pongo Meat Loaf, Yelle, The virgins o algo por el estilo y vocifero hasta quedarme sin voz, coloco todo el caos que me rodea y al que suelo llamar habitación a una velocidad pasmosa mientras muevo arrítmicamente las caderas y salgo de casa dando más brincos que pasos, sonriendo a la gente y haciéndola sonreir y haciendo alguna que otra maniobra extraña para evitar el típico camino hacia ninguna parte. Suelo tirar por el Parque del Oeste, donde puedo tirarme en croqueta por el cesped sin romperme nada.

Si he optado por la opción Jorge Drexler, Modest mouse, Mocheeba y una larga lista de etcéteras..todo me parece que va más paulatino, más suave, más tranquilo, mi ritmo es menos dinámico, pero me deleito con cada mínimo movimiento externo. Esos días, vaya donde vaya, todo seguirá el compás de mi música.




 

He decidido borrar de mi lista de reproducción las canciones tristes, no sirven para nada en estos momentos, después de todo ¿Quién tiene ganas de regodearse en su propia depresión?


 
 

miércoles, 21 de enero de 2009

bah


Y hoy es que se me ha escapado toda la simpatía al entrar por la puerta de casa...una nube gris me ronda sobre la cabeza y amenaza tormenta, el buen tiempo se ha quedado al otro extremo y no entiendo por qué,¿acaso es claustrofóbico?


Nota personal: buscar el chubasquero.

lunes, 19 de enero de 2009

Distracción

Esta bien, coges una mañana, te levantas del sofá en el que tan incomodamente has dormido enredada entre dos arrugadas y ridículas mantas, y decides que hoy será EL día.





Pero tu sabes que te equivocas.

Lo intentas, de verdad que lo intentas con todas tus fuerzas, te sientas delante de tu "obligación" y no permites que tu mente se distraiga.
Imposible.
Te levantas.
Luego se volverá a intentar, por el momento, vas a moverte, a activarte.

En tu cabeza rebota una diminuta y molesta pelota absurda llamada responsabilidad. Pero un "después" no es un "nunca", si no que suena más alentador...

Vuelves a tu posición, dispuesto a librar esa batalla contra la pereza y la distracción. Pero el tic-tac de tu relog hace ritmo mientras descubres en tu estantería aquel libro que tanto te gustaba en tu infancia; que lleva cogiendo polvo años, decadas, siglos...hasta hoy. Pronto encuentras tu cámara y revisas esas extrañas fotografías que hiciste tan cuidadosamente y recuerdas que menganito te llamó hace unas horas para contarte cualquier nimiedad que ahora se asemeja al tamaño de un castillo, un castillo irreal que te distrae. Tu mente te engaña.

Al darte cuenta, reflexionas sobre el problema en vez de enfrentarte a él. Es muy cómodo.
Nada.
Así no hay manera de concentrarse.
Te das una vuelta prometiendo pensar en ello. Te sientes mejor.

Apenas ves la punta de tus zapatos al volver, la oscuridad amenaza y esa pequeña pelota en tu cabeza ahora es un monstruo verde que te cuelga de la oreja. Aprietas el paso para ganar segundos que antes se convirtieron en horas.


Te sientas de nuevo.
Venga, esta vez sí.
Vamos a organizarnos.





Maldición.
La una de la mañana.
Vuelta al sofá.
Así mañana podre madrugar y ganar horas.




...Mañana será EL día..