Cuando oigo el irritante chirrido de la puerta de casa, seguido del fuerte sonido causado por el impacto de la puerta principal contra el marco, sé que soy libre.
Es entonces cuando corro hacia mis altavoces, subo el volumen hasta desgarrarme los tímpanos y escojo las canciones que me van a hacer saltar hasta golpear mi cabeza con el techo o bien cerrar los ojos y dejar a mi cuerpo deslizarse al compás de la música.
Si es un día enérgico, pongo Meat Loaf, Yelle, The virgins o algo por el estilo y vocifero hasta quedarme sin voz, coloco todo el caos que me rodea y al que suelo llamar habitación a una velocidad pasmosa mientras muevo arrítmicamente las caderas y salgo de casa dando más brincos que pasos, sonriendo a la gente y haciéndola sonreir y haciendo alguna que otra maniobra extraña para evitar el típico camino hacia ninguna parte. Suelo tirar por el Parque del Oeste, donde puedo tirarme en croqueta por el cesped sin romperme nada.
Si he optado por la opción Jorge Drexler, Modest mouse, Mocheeba y una larga lista de etcéteras..todo me parece que va más paulatino, más suave, más tranquilo, mi ritmo es menos dinámico, pero me deleito con cada mínimo movimiento externo. Esos días, vaya donde vaya, todo seguirá el compás de mi música.
He decidido borrar de mi lista de reproducción las canciones tristes, no sirven para nada en estos momentos, después de todo ¿Quién tiene ganas de regodearse en su propia depresión?
ayer borré todas las canciones de mi ipod.
ResponderEliminar¿regodearse en su propia depresión? uno de los muchos "placeres" que nos brinda la música