Respiro, y el frío del atardecer me obliga a ponerme la chaqueta. Me siento en una de las dos sillas del porche heredadas de vete a saber que lejano antepasado quien las construyó con sus propias manos y sin herramientas, cortando los árboles con un seco golpe de hombro (ja!). Alzo los pies y los apoyo en la barandilla, mientras tanteo a ciegas el suelo con la punta de mis dedos en busca de mi banjo. Me acomodo y cierro los ojos mientras dejo a mis manos deslizarse solas por esas cuerdas causantes de un sonido tan peculiar.
Dejo que el aire renovado y fresco se me cuele por la boca y me llene los pulmones mientras trato de recordar las notas adecuadas de aquella canción. Entonces el sonido inunda mi cuerpo y me dejo llevar...
Well my friend, well I see your face so clearly
Little bit tired, little bit worn through the years You sound nervous, you seem lonely
I hardly recognize your voice on the telephone
Just before we wound up broken down
Drive out to the edge of the highway
Follow that lonesome dead-end roadside sound
Walkin’ the line between faith and fear
This life don’t last forever
When you cry I taste the salt in your tears