Lo cierto es que no sé ni responderme a esa pregunta. Pero ¿qué importa expresar lo que sentimos? A nadie le importa, a nadie, menos a uno mismo y a la persona que le concierne. Puedo gritar a los cuatro vientos todas las expresiones y sinónimos que me pasan por la cabeza para describirlo, para describirte. Pero, mira, sinceramente, estoy afónica, y , además, la gente tiene su propio mundo, su propia vida. Yo no nací para ser estrella de telefilm barato. Yo nací para ser lo que estoy siendo ahora mismo. Un cúmulo de sensaciones indescriptibles que hasta transmiten vértigo.
He sido capaz de rozar la perfección momentánea, la saboreé y la escuché, la sentí y la toqué; se coló por todos los recovecos de mi cuerpo y se me quedó pegada a la piel como la ropa mojada aquel día de lluvia. Y si alguien me pregunta como fue, sólo sabré sonreir y perderme en mis recuerdos. Por que aunque incluso si me inventase un nuevo idioma, tampoco serviría para describirlo. Ese momento es sólo mío. Sólo nuestro. Y así será siempre.
Soy consciente de la magnitud del problema, de nuestros planteamientos, de nuestra huída de la razón. Pero mi mente se cansó de retorcidos y complicados pensamientos que juegan al pin- pong con mis neuronas, de absurdos y precavidos "quizás", y, desde luego , de la expresión "ten cuidado". Lo sé, lo sé. Sé que los monstruos de la razón acechan nuestros pasos, los cuidan, los vigilan. Pero no son más que eso, monstruos, y, a mi me decía mi mamá "Elsa, los monstruos no existen más que en uno mismo". Hasta ahora no me había planteado la diversificación de dicha frase, pues yo pensaba que tan sólo eran un montón de palabras ideadas para apaciguar nuestro sueño tras las galletas y la leche de por las noches, que la intención de nuestros padres era que no pensasemos que nos abordaría un mutante verde y lleno de pústulas y babas mientras dormíamos con un ojo abierto vigilando el armario.
Pero ha vuelto, la voz de mi madre, apaciguadora como las pocas veces que venía a acostarme, ha retumbado en mi, ha salido de lo más profundo de mis recuerdos para guiarme de nuevo. Para decirme que no tenga miedo de la vida, que no tenga miedo de los acontecimientos, que igual que entonces, los monstruos no existen más que en uno mismo. Por ello no voy a temerlos, voy a seguir dejando que mis pies caminen por mi, pues ellos sabrán hacia donde me llevan. Yo, mientras, disfrutaré del paisaje.