miércoles, 17 de junio de 2009

Ausencia del despertador

Despierto, entre gemidos y sudores, abrazada a mi almohada y hundiendo los dedos en ella. Mi mente tarda más en volver a la realidad que mis sentidos, mis recuerdos se confunden con aquellos que inventé sin ningún tipo de intención. Los jadeos son acallados con el sabor salado de una lágrima solitaria en inconsciente creada por el miedo. A medida que vuelvo a esta realidad divago cúan diferentes son las pesadillas de un inocente niño a las de alguien que dejó de temer a los fantasmas y la oscuridad. Yo, que todavía temo a la oscuridad, por parecerme amenazadora y solitaria, la oscuridad del alma y de mi habitación por las noches, pues desde ella no se ve ni una sóla estrella que me acompañe.
Pero ahora las pesadillas son del corazón más que de la cabeza, miedo a historias que contaste, miedo a historias que creé. Calmo el jaleo que remueve mi mente diciéndome que ya pasó...pero no puedo evitar tropezarme a causa de la velocidad de mis zancadas hacia el teléfono, traqueteando los dedos contra la mesa mientras suenan ese monótono sonido de espera, unos instantes que se me hacen eternos..

-"¡Buenos diaaaaas!"


Respiro...

Sábado noche

Las intensas luces no dejan espacio a los medios tonos, las duras sombras impregnan nuestros rostros discapacitándolos de bondad, de sentimiento acogedor.
Son turbias las sensaciones, las sonrisas descoyuntadas inundan mi campo visual. Tal vez uno o dos sonidos llaman mi atención. Son tan imprecisos que no me dejan tiempo a reflexionar si son agradables o desagradables. Mañana esto será un mero recuerdo y paso comenzará a distonrionarse.
Ahora, prodría llamarse un presente feliz o.. agradable.