sábado, 31 de julio de 2010

Las cinco de la mañana (otra vez)

A las cinco de la mañana el peligro parece desvanecerse dando paso a una turbia tranquilidad. Si el proceso es contemplado conscientemente significa que deberiamos dejar de mirar ese punto de universo al que no le interesa si recibe nuestra atención o simplemente es un objeto más que decora nuestra casa. [ Ya hemos pagado por él] Deberíamos dejar de mirarlo y cerrar los ojos de una vez, que seguro que nuestro subconsciente tiene cosas más importantes que contarnos.

El problema de esta hora es que no puedes decir mañana será otro día, ahora ya es mañana y has de ser tu con toda tu fuerza de voluntad quien quiera cambiar el rumbo de las cosas, no esperar a las horas de un inerte reloj que jamás pidió tal responsabilidad sobre nuestras vidas lo haga por ti.

Dejaremos los adjetivos que no permiten descansar a nuestro alma dentro del diccionario por hoy, es decir, mañana. El mudo mundo de mis sueños me aguarda impaciente.

Los patizambos no deberíamos andar por la nieve.

Una solitaria pisada en la nieve yace peremne esperando a una nueva ventisca que se la lleve con ella. Sus compañeras volaron tras su creador en busca de climas más tropicales huyendo del reuma que producen los 40 grados bajo cero. Pero ella ahí quedó, por que no fue más que un tropiezo, un paso en falso, un error.

Asi que espera que el viento llegue pronto para volar lejos y poder transformarse en una anécdota anotada en un amarillento cuaderno de viaje escondido en un rincón del desván.



Pero teme que si el temporal tarda mucho en pasar acabe evaporándose para convertirse en una tormenta que azote los climas tropicales, destroce los desvanes y desgarre los cuadernos.


Y entonces su dueño pensará mientras busca desesperadamente un paraguas que no le abandone al primer soplo de aire: "los patizambos no deberíamos andar por la nieve".